Navidad bajo la sombra de la pandemia

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Marzo de 2020 trajo un cambio inesperado a mis planes de celebrar mi 38° cumpleaños en la montaña de Montserrat: la pandemia de coronavirus. España declaró el estado de alarma y el confinamiento se volvió una realidad mundial. Lo que inicialmente parecía un breve paréntesis se convirtió en meses de espera, llevándonos a una Navidad bajo la sombra de la pandemia.

Esta época, tradicionalmente familiar y festiva, tomó un matiz diferente. Aunque en mi casa nunca hemos seguido las prácticas religiosas de la Navidad, el valor de la reunión familiar siempre ha sido su núcleo. La Navidad de 2020, sin embargo, estuvo marcada por la distancia y el riesgo de reunirse.

Cada Navidad me remonta a los recuerdos de una infancia rodeada de mi familia en Tijuana, donde Navidad es sinónimo de reuni´ón, carrilla, comida. Las celebraciones en Barcelona, aunque diferentes en su forma, también tienen su encanto. Sin embargo, la Navidad de 2020 fue una pausa en estas tradiciones, tanto mexicanas como catalanas. Me vi reflexionando sobre cómo mantener el espíritu en un año marcado por historias de pérdida y separación.

Las navidades pasadas resuenan en mi memoria con una mezcla de nostalgia y cariño. Los momentos compartidos, las risas, las historias repetidas, y las nuevas anécdotas contadas por los más grandes, forman el tapiz de mis recuerdos. Ahora, en mi rol actual, comparto estas historias con los más jóvenes de la familia, manteniendo viva la tradición.

En esta reconfiguración de la Navidad, mezclando las tradiciones mexicanas con las catalanas, he encontrado una nueva forma de celebrar. Aunque distinta, esta combinación refleja mi vida actual en Barcelona. La pandemia, con sus desafíos y cambios inesperados, ha reforzado en mí la importancia de nuestras tradiciones y de las adaptaciones que realizamos en tiempos difíciles.

Este período tan extraño, si algo me ha ensenado es a valorar. A extrañar y apreciar a la familia que me tocó y a la que escogí. La Navidad de 2020, atípica y sombría, destacó la capacidad de la esperanza y la resiliencia para poder iluminar estos momentos tan oscuros y llenos de incertidumbre.

Al menos a mí, me recordó que, independientemente de dónde celebremos o con quién estemos, lo que verdaderamente importa es el hoy, sentir el amor de quienes te quieren y apreciar la compañía compañía que llevamos en el corazón.

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