Recorrer la Península de Baja California es una experiencia única, idealmente en un 4×4 para enfrentar su terreno diverso. Realizar el viaje sin parar sería posible en unas 24 horas, pero en este brazo de México, el tiempo se desliza de forma diferente. Aquí, el Mar de Cortés se extiende serenamente, sus aguas realizan una danza suave y perpetua. Mientras conduzco por la carretera La Transpeninsular, bautizada apropiadamente como la carretera del silencio, siento cómo el tiempo y la existencia se sumergen en la tranquilidad de la naturaleza.
Recorrer la Península de Baja California es el viaje soñado. Lo es para mí.
En este lugar, los silencios son elocuentes, contados a través de ballenatos, patos, cimarrones, playas tranquilas, puestos de comida a la orilla de la carretera, gasolineras solitarias, desiertos vastos, retenes militares, oasis escondidos, serranías majestuosas, ranchos aislados, ciudades de cirios, puestos de tacos al vapor, poblados con cabañas pintorescas y misiones católicas antiguas. Cada elemento de esta geografía única cuenta una historia.
Este paraíso inusual alberga un santuario dedicado a la ballena gris, donde acuden a reproducirse, dar a luz y nutrir a sus crías durante sus primeras semanas de vida. Después, parten hacia el Océano Ártico y Siberia, para regresar cada año. El santuario se fusiona con el desierto de Vizcaíno, donde extensas marismas inundables se unen naturalmente para formar un depósito de sal. Al mirar este paisaje, uno podría confundirse y pensar que es un campo nevado. La inmensidad de la salinera, la más grande del mundo, se extiende hasta donde alcanza la vista, y al tomar un puñado de sal, se encuentran cristales del tamaño de almendras.
En el desierto, se descubre un oasis que Ricardo Raphael describe como desordenado y barroco, lleno de limones, higos, uvas, cocos y dátiles, un testimonio de su abundancia y fertilidad. Estos lugares también son el hogar temporal de patos migratorios de Canadá. A lo largo del camino, se encuentran puestos de comida donde pescadores venden camarón fresco, una verdadera delicia local.
Aunque he recorrido Baja California varias veces, fue con una perspectiva renovada que comencé a apreciarla realmente. Inspirada por Fernando Jordán, llevé un mapa en mi viaje, pero pronto descubrí que lo más importante estaba fuera de él. Viajar por esta carretera es descubrir a ciegas, caminos que se abren a cada lado, guiada por pescadores y comerciantes locales, tal como lo hizo Jordán en su tiempo.
Curiosamente, conocí lugares como Suiza, Cusco y Madrid antes de explorar rincones de mi propio país. Fue viviendo en Ciudad de México cuando nació el deseo de viajar por la Península de Baja California, inspirada por dos chilangos, uno nacido en 1920 y otro en 1968, quienes se convirtieron en mis guías atemporales en este viaje.
Y por eso aspiro a recorrerla como nunca lo he hecho, no por tramos, no sin parar, o parando en algunos lugares sí y otros no, sino entregándome al camino. Es mi gran viaje soñado. Porque soñar con un gran viaje es imaginar un lienzo en blanco, listo para ser pintado con los colores y texturas de cada experiencia, cada encuentro y cada revelación que el camino ofrece.
Escribir sobre viajar es capturar la esencia de esos momentos, es tejer historias a partir de los paisajes, las personas y las emociones que se van entrelazando en el camino. A 5 mil kilómetros de distancia, siento un anhelo profundo de regresar a mi tierra, Baja California, para redescubrirla. No es solo el deseo de volver a lugares conocidos, sino la urgencia de explorar cada rincón con nuevos ojos, de absorber cada detalle que pasé por alto, de entender cada historia que no tuve tiempo de escuchar. De descubrir.
Ahora, con la distancia y el tiempo como aliados, mi sueño es embarcarme en ese viaje, no solo físico sino también emocional y literario. Un viaje que no solo me lleve a través de la península, sino que también me guíe a través de un proceso de redescubrimiento y de re-conexión con mis raíces. Una promesa de un reencuentro con mi tierra y conmigo misma. Y por qué no, también contarle al mundo el paraíso que es Baja California.
«Los viajes no solo son una aventura del cuerpo sino también del espíritu, ofreciendo una puerta hacia la esencia de lugares y almas que los habitan. Al recorrer caminos desconocidos, no solo descubrimos paisajes nuevos sino también nuevas formas de ver nuestro mundo interior.» Bruce Chatwin


Deja un comentario