Los ves en el parque, en el mercado, en la calle, en la escuela, paseando por la ciudad; los ves en el centro médico, los fines de semana en los sitios para visitar, en un paseo por la montaña, en la playa. Los padres están presentes en España, ¡los ves! Al menos, mucho más que en México.
¿Por qué?
Con mi amiga Gris, también mexicana y del norte, siempre que nos vemos tenemos un momento para hablar de nuestras diferencias culturales. Las dos, con más de diez años en Barcelona, vamos creciendo y madurando, y por supuesto, viviendo nuevas experiencias. Como son la llegada de niños y niñas a nuestro alrededor, las nuevas maternidades y paternidades.
En México, la crianza está más en manos de las mujeres, y no solo de las madres, sino también de las tías, primas y sobrinas. Son ellas quienes están alrededor de los niños y niñas, no solo jugando, sino vigilándoles, cuidándoles y marcando las pautas de la rutina del día. Eso sí, pareciera que el rol de regañar está más presente en los padres. Pero en España es diferente. Aunque las tareas de la crianza siguen estando mayoritariamente a cargo de las mujeres, es muy común que los padres también formen parte activa: llevan a los niños y niñas a la escuela, los recogen, están con ellos en el parque, juegan solos con ellos y ellas.
Ahora que soy madre y vivo una cotidianidad muy distinta a la de hace unos años, creo que puedo ver con mayor claridad estas diferencias. Son muchos factores: algunos culturales, otros sociales, económicos y, por supuesto, políticos.
Por ejemplo, en España los roles de género han ido cambiando hacia una mayor equidad. En México, aunque el tema se discute más, en el día a día se nota la menor participación de los padres en la crianza. Lo veo cada vez que voy de visita: mis tías y primas siguen llevando la carga del hogar y del cuidado de los hijos.
Esta mayor presencia de la figura paterna en España creo que proviene de un concepto de corresponsabilidad más normalizado. No es raro ver a los padres involucrados en el día a día de la crianza, pero para nosotros y nosotras las mexicanas, sí. Además, en España las políticas laborales permiten una mayor conciliación entre el trabajo y la vida familiar. Aunque hay mucho margen de mejora, existen políticas. Por ejemplo, la baja de paternidad es de 16 semanas, remunerada y obligatoria, con la posibilidad de distribuir ese tiempo de manera flexible en el primer año de vida del hijo o hija. En México, la baja por paternidad es ridícula: apenas 5 días, lo que significa que ni siquiera durante la primera semana de vida de sus hijos e hijas, los padres pueden estar presentes de manera integral, no solo en el aspecto de la responsabilidad, sino también en lo emocional: disfrutar y conectar con su criatura y ser el soporte que toda madre necesita en el posparto.
También influye la desigualdad económica. En México, la precariedad laboral y la informalidad afectan a una gran parte de la población. Son millones de padres que trabajan todo el día, sin permisos, sin días de descanso y sin tiempo para la familia. Y no hay que olvidar la gran cantidad de hogares encabezados por madres solteras, donde la figura paterna está ausente por completo. Googleando, encontré el dato de que en México, aproximadamente el 33% de los hogares está encabezado por madres solteras, lo que representa un aumento significativo del 67% en los últimos 13 años. En España, es aproximadamente el 11%.
A España le queda mucho si la comparamos con otros países europeos. Por ejemplo, en Suecia, los padres tienen 16 meses de permiso remunerado que se pueden repartir entre ambos, lo que significa que mamá y papá tienen tiempo para estar con sus peques sin preocuparse por el trabajo. Además, los horarios de trabajo son súper flexibles, permitiendo ajustar las horas según las necesidades familiares. En Alemania, tienen algo llamado «Elterngeld», que es una baja de hasta 14 meses, dividido entre los padres para fomentar que ambos se involucren en la crianza. ¡Cobrando su sueldo! Y no solo eso, en Alemania los padres pueden reducir su jornada laboral hasta 30 horas por semana para cuidar a sus morritos y morritas, sin tener miedo de quedarse sin trabajo. Estas políticas demuestran un compromiso más fuerte con la equidad de género y el apoyo a la familia. Ahí sí se nota que somos país en desarrollo, no estamos en pañales, vamos bichis en este tema. Cuando conocí estas políticas imaginé qué sería de mi mamá, que fue madre soltera, si hubiera tenido la mitad de este apoyo.
Por otro lado, también tengo la sensación de que en México, las familias suelen ser más extendidas, quizá porque somos de familias más grandes hay más involucrados, no sólo los abuelos, sino los tíos y tías, por ejemplo. En España también sucede, pero el modelo familiar tiende a ser más nuclear, supongo que esto impulsa a una mayor participación directa del padre, pero también porque hay más conciencia y deseo. Por último, algo que también creo que es importante señalar, es que en España no puedes desaparecer de la vida de tu hijo sin más. Como lo hizo mi papá, por ejemplo. Mis padres se divorciaron y adiós responsabilidad y presencia paterna. Eso en España no pasa, hay leyes que protegen tanto a madres como a padres, que exigen que ambos se hagan responsables de la crianza.
Esto, junto a muchos otros factores, hace que sea común y normal ver en España a padres siendo eso: padres. Y si no me creen, la próxima vez que estén en España, dense una vuelta por el parque… y verán quién está empujando los columpios.


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