¿Por qué no hay posadas en España?

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Imagen de una posada mexicana con personas compartiendo, decoraciones festivas y ambiente navideño.

Si en España no las hacen, ¿por qué las hacemos?

Hace unos días tuve una comida con familias amigas y, sin querer, me di cuenta de que fue lo más cercano a una posada. Nos juntamos, comimos, reímos, brindamos y, seguramente, no nos volveríamos a ver todas juntas hasta el próximo año. Faltaron los villancicos, pero me recordó que las posadas, al final, son eso: estar juntas y disfrutar.

Y ahí fue donde empezó mi duda. Después de tantos años viviendo en España, ¿cómo no me lo había preguntado antes? ¿Por qué hacemos posadas en México si es algo que se supone que nos trajeron los españoles? ¿Y por qué en España resulta que no hay ni peregrinos, ni piñatas, ni ponche? Nada. Entonces, ¿qué broma histórica es esta?

¿Qué son las posadas?

Imagen de una posada mexicana con piñata

Si las posadas fueran una receta, el ingrediente principal sería la novena, una tradición católica que llegó a México en el siglo XVI gracias a los misioneros españoles. Estas novenas eran nueve días de oración intensiva previos a la Navidad, como si José y María estuvieran ensayando su peregrinaje a Belén, pero con público devoto. Es un poco como las jornadas de un festival, pero en lugar de música, había rezos y villancicos solemnes.

Octavio Paz decía que «la identidad mexicana es una creación», y aquí lo demostramos. Las novenas originales viajaron a América para convertirse en posadas: más coloridas, más ruidosas y con mucha más comida. Porque si algo sabemos hacer, es transformar lo solemne en un desmadre. De pronto, los peregrinos no solo piden posada, también traen piñatas, cantos que animan el ambiente y, por supuesto, champurrado y tamales para cerrar con broche de oro. ¿Qué mejor manera de celebrar el espíritu navideño?

En México, las posadas evolucionaron. Y no me canso de decir que México es un país enorme, con tradiciones que cambian según la región. En Tijuana, por ejemplo, no siempre hay peregrinos ni acto religioso, pero sí comida rica y ese mood navideño. Sí, dije mood, porque en Tijuana somos muy gringos y no hay Navidad sin Santa. En mi casa jamás hemos puesto un nacimiento, pero el árbol y las botas en la chimenea no faltan.

Las posadas tijuanenses son el pretexto perfecto para reunirnos con amistades de la universidad, del trabajo, familias de amigas y terminar cantando Luis Miguel o, de plano, Mariah Carey. Y, por supuesto, romper la dieta y tomar mucho alcohol, porque somos muy borrachos. Y si a alguien se le olvida la piñata, no pasa nada: lo importante es convivir, comer y recordarnos cuánto nos queremos.

¿Y en España?

Imagen de una mesa con comida española

Curiosamente, en España las posadas nunca se adoptaron como celebración popular. Aunque el catolicismo es una parte fundamental de su historia, las tradiciones navideñas aquí tomaron otras formas. Y lo que son las cosas, terminé cayendo en Cataluña, donde Nochebuena pasa casi desapercibida, la familia se reúne el 25 de diciembre, y la verdadera entrada triunfal son los Reyes Magos… ¡claro, siguen siendo monárquicos, quizá por eso!

También está el tema de los villancicos: en México al menos los escuchas en el centro comercial, pero aquí no. El otro día, paseando por mi barrio, escuché música navideña. Pensé: ¿serán villancicos? Pero el sonido era tan malo y la canción tan desconocida, que jamás lo supe. Aquí los villancicos son casi una reliquia, algo «antiguo», como nuestro «mande» o hablar de usted.

Y las luces navideñas, aunque bonitas, son más discretas comparadas con el espectáculo que montamos en México (como si la electricidad fuera gratis). Este año mi hijo me pidió luces en el balcón y le dije que no, porque están prohibidas en el edificio. Claro, mi vecina colombiana no recibió el memo: su balcón parece Disneylandia. Y sí, le mentí a mi hijo, pero es que si la luz es cara en México, aquí cada céntimo cuenta.

Pero sigamos con el tema posadas y aquella comida que me llevó a toda esta reflexión. Me pregunté:

¿Y si las importamos de regreso? Por molestar, como digo yo aquí: por joder.

Quizás las posadas no llegaron a España porque aquí ya tenían suficientes excusas para reunirse, comer y beber. Pero ¿y si las importamos de regreso?

Tal vez podría organizar una el próximo año con el «Tió de Nadal«, que bien podría ser nuestra versión de la piñata. Los pongo a cantar villancicos mientras decoramos el balcón como si la luz fuera gratis. Como diría Jorge Ibargüengoitia, «a veces la mejor manera de ser universal es ser local»: importemos las posadas y que se fusionen con las tapas, el vino y los Reyes Magos. ¿Total, qué podría pasar?

¿Opiniones a favor o en contra?

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