Octubre todavía te deja salir sin congelarte, salir sin el chamarrón. Es el mes perfecto para escaparse a la montaña antes de que llegue el frío de verdad. En mi casa ya nos hemos ido un par de veces: basta con dejar atrás la ciudad para que, en cuestión de minutos, el aire cambie de olor y los árboles te abracen.
Nunca me he considerado una persona muy “de naturaleza”, siempre he sentido que soy más bien urbanita, pero últimamente empiezo a entender que me hace bien, y que me gusta. Y que oye, las personas no somos estáticas: ahora hasta hago ejercicio de manera regular y como más sano… He cambiado. Pero lo de caminar ya tiene muchos años acompañándome: caminar, respirar sin prisa, mirar el cielo sin cables de por medio. Hay algo muy especial en eso de perderte entre árboles, aunque sepas que Google Maps te puede rescatar si te pasas de optimista.
Creo que en el fondo lo que me sorprende no es el paisaje ni el silencio, sino que me guste tanto estar ahí. Yo, que siempre fui de ciudad, descubriendo que también puedo pertenecer a algo que no tiene prisa.
En Tijuana, “ir a la naturaleza” no era subir cerros. En mi casa, íbamos a Playas a caminar, a la Laguna Hanson o Santa Verónica… pero a acampar, a una cabaña, a tomar algo, comer, o a meter los pies al mar, pero no a subir cerros. A mí no me tocó eso de subir el Cerro Colorado; en mi época no era tan común… no manches, era hasta peligroso, es más, es que nunca fue una opción.
Pero ahora veo que muchas de mis amistades lo hacen: suben, madrugan, publican la foto desde alguna cima. Se van simplemente a caminar, a buscar el cerro para subir. Y claro, aquí es senderismo, allá es hiking, que somos re gringos.
Y, curiosamente, cuando vienen a visitarme y se quedan en casa, nunca pensamos en ir al Collserola o a Montserrat. Siempre gana la ciudad. Las calles, los cafés o el vermút, el mercado, la Sagrada Familia. Como si lo natural todavía no terminara de competir con lo urbano, aunque esté a media hora de distancia. Como si, venir de tan lejos para subir un cerro no fuera tan cool para hacer.
Descubriendo el mood otoñal

Mis botas de senderismo llegaron tarde. Las estrené en Perú, Bolivia y Argentina, tenía 25 años. Luego les di carrilla en México —en Chiapas, en el Tepozteco, en Campeche, en Oaxaca— y terminaron en mi mochila cuando llegué a España. Pero aquí, descubrí algo que todavía me da risa decir con tanta sorpresa: hasta en la montaña hay baños.
Y no cualquier baño: con papel, con lavamanos y hasta adaptado para personas con discapacidad. Caminas media hora por un sendero en medio del bosque y, cuando crees que ya estás en “territorio salvaje”, ¡zas!, aparece un cartel que dice “servicios”. Ni el señor que vende sodas (jajaja), ni la señora que te cobra el papel: baños portátiles, gratuitos y limpios. ¡Wey, con papel!
Infraestructura de senderismo: España vs México

Aquí las rutas están marcadas, señalizadas y cuidadas. Hay mapas, colores, flechas y niveles de dificultad. Incluso los estacionamientos tienen su orden, y los caminos están pensados para distintos niveles de exigencia.
España tiene más de 60 000 km de senderos homologados, y el programa de Caminos Naturales ha recuperado más de 10 300 km de antiguas vías para uso senderista y cicloturista. Es decir: aquí la naturaleza se planifica, se mantiene y se piensa como algo público.
México, en cambio, es un país de una riqueza natural inmensa, pero donde la experiencia de disfrutarla con comodidad depende de la iniciativa privada o de las comunidades locales. Hay montañas, selvas, playas y desiertos que te dejan sin aliento, pero pocas veces hay baños, señalización o accesos seguros. No es falta de belleza, es falta de cuidado, de visión, de entender que disfrutar la naturaleza también requiere infraestructura. Y pues, ya saben, es falta de voluntad política.
Pertenecer, caminar, volver

Salir a la montaña no es solo hacer ejercicio ni ver paisajes bonitos. Es alzarse sobre la rutina, respirar profundo, sentir que perteneces a algo más grande que tu ropa y tu rutina de trabajo.
Aquí, en Barcelona, esa pertenencia está a 20 minutos: basta subirse al tren o en el carro y ya estás en medio del bosque. No manches, en Tijuana en 20 minutitos igual y no has salido de la misma colonia (jajaja). Y no sólo por lo grande, sino por el tráfico. Bueno sí, es que allá todo es más grande y más lejos.
Y sí, también es una forma de pertenecer cuando de niña jugaba en el patio de mi casa, que estaba muy bien, pero al parque… al parque íbamos en carro (ajá, al parque). Aquí, en cambio, salir al cerro o al sendero es tan normal como ir al súper. La gente sale a caminar, planea la ruta, lleva sus tortas y toopers de fruta en mochilas que parecen diseñadas por la NASA. Y aunque me dé risa ver a familias enteras “disfrazadas de Decathlon”, entiendo la lógica: se trata de estar cómodos, de hacerlo parte de la rutina, no de una hazaña heroica.
Y de regreso, cuando entro otra vez a la ciudad, todavía me queda el olor a pino en la ropa; me regreso con tierrita en los zapatos. Como si me lo trajera de recuerdo, una prueba silenciosa de que estuve lejos y volví distinta, aunque solo haya sido de ida y vuelta. Además, ya se hizo costumbre llevarnos una canasta y traer cositas para la escuela de mi hijo: piñas, hojas de colores, palitos, bellotas, castañas… souvenirs que también enseñan y educan. El respeto, el cuidado y el disfrute de la naturaleza son culturales; desde chiquitos están en contacto. ¡Bien bonito!
Y bueno, para cerrar y me callo: la verdad, qué gusto saber que hay un baño cerca… o al menos un camino de regreso para poder salir. Porque ese camino de regreso también importa: no sólo subir, también volver.
Y si no hay baño, tampoco pasa nada. Al final, estamos en España: siempre habrá un bar cerca. Porque así como hay parques y plazas, también hay iglesias, una farmacia, un ayuntamiento y, claro, mínimo un bar. Todo forma parte del paisaje, de esa red de cosas cotidianas que hacen que hasta perderse sea cómodo.
Si vas a venir a visitarme pronto: ¿nos damos una escapada a la montaña? Ándale, eso también es conocer Barcelona, que es preciosa.


Deja un comentario