El mexicano que fue alcalde de Barcelona

Published by

on

Monumento al Doctor Robert en Barcelona

Hay historias que no aparecen en las guías turísticas, pero que una vez que las descubres, ya no puedes volver a ver la ciudad con los mismos ojos. Y la verdad, me encanta esa sensación de descubrimiento que te regala vivir en una ciudad que no es la tuya.

Eso me pasó un día en la plaza de Tetuán, una de esas glorietas o rotondas que cruzas sin pensar, entre el ruido de los coches, el zigzag de bicis y la sombra ordenada del Eixample. Allí, hay una escultura. No tiene placas vistosas ni gente haciéndose selfies, pero impone. Un día me detuve y leí: “Doctor Robert. El Ayuntamiento de Barcelona. 1910.

Hasta ahí, pues bien. Un nombre, una fecha. Nada más. Porque no sé ustedes, pero yo no tenía ni idea de quién era ese tal Doctor Robert. (Y por cierto: se pronuncia RobÉRT, con la sílaba fuerte en la “e”, como se hace en catalán. Nada que ver con el RÓbert del inglés, que suena como nombre de actor de Hollywood. Aquí es más bien Robèrt, como lo diría una abuela del Eixample).

El caso es que soy de las que googlea todo… bueno, ahora ya soy chica GPT. Y ahí descubrí que Bartolomé Robert y Yarzábal, el señor de la estatua, nació en México y fue alcalde de Barcelona. Quiubo.

¿Un mexicano en la alcaldía de esta ciudad, hace más de cien años? Me puse a darle vueltas al monumento, a buscar más pistas. Porque, claro, esa historia había que contarla. Y aquí va.

¿Quién fue el Doctor Robert?

Retrato del Doctor Bartolomé Robert, médico y político nacido en México que fue alcalde de Barcelona en 1899
Doctor Bartolomé Robert, el mexicano que se ganó un lugar en la historia de Barcelona.

Robert nació en Tampico, México, en 1842. Un puerto caluroso del golfo de México, con olor a sal y a historia comercial. Su padre era catalán y su madre, mexicana. Cuando era morrito, la familia se regresó a Barcelona. Y allí nació su historia con la ciudad.

Estudió Medicina en la Universidad de Barcelona. Y le fue bien: fue profesor universitario, divulgador y jefe clínico del Hospital de la Santa Creu, que no es cualquier institución: fue el hospital general de Barcelona durante más de cinco siglos, el centro médico más importante de la ciudad hasta 1926.

Pero lo que convierte su historia en algo todavía más fascinante es lo que pasó después: en 1899 fue nombrado alcalde de Barcelona. Y aquí empieza el chisme.

Se puso al tiro con el pueblo

Multitud manifestándose en Barcelona con pancarta de “Libertad y Justicia”, frente al Arc de Triomf
Manifestación en Barcelona por los derechos ciudadanos a principios del siglo XX. Imagen: Archivo histórico.

Pongámonos en contexto. Era 1898. España acababa de perder Cuba, Filipinas y Puerto Rico. (¿Sabías que Puerto Rico también fue colonia española? Sí, por eso allá también se habla español. Yo no sé si lo tenía claro, pero reencontrarme con esa parte de la historia fue como abrir un cajón que tenía polvo, pero no estaba vacío).

La pérdida de las colonias fue un buen madrazo para el orgullo… y para la caja del Estado. Así que, como suele pasar, Madrid vio por dónde podía sacar más ingresos y pues… puso el ojo en Cataluña. Subir los impuestos era lo lógico. Y eso que estamos hablando de hace dos pinches siglos. El caso es que, para los catalanes, como ahora, fue una provocación. Y no cualquiera: una que venía sin escuchar ni negociar. Repito: no es 2025, es 1898.

Los comerciantes y la gente de la industria dijeron, “no wey, estás pero bien mal”. Por ahí no paso. Que antes, la verdad, la gente era más revolucionaria —ahora también, pero que no toques fines de semana ni vacaciones—. En aquel entonces, ante esto, cerraron cajas, literalmente. De ahí el nombre de la huelga fiscal: el tancament de caixes. Fue como si toda la ciudad le dijera al gobierno: “Hoy no cobramos ni pagamos”. Imagínalo ahora: persianas abajo y recibos sin emitir. Una ciudad en rebeldía.

Y aquí viene Robert, alcalde desde hacía apenas unos meses. Tenía que decidir. Y lo que hizo no fue nada tibio. Se puso del lado de su gente. Se negó a aplicar las nuevas tasas, apoyó la protesta fiscal e incluso impulsó una limpieza del censo electoral. ¿Qué significa eso? Que revisó a fondo el padrón, sacó a los “fantasmas” —nombres repetidos, votantes falsos— y trató de garantizar que las decisiones políticas se tomaran con votos reales, no con trampas de caciques.

Y no sé tú, pero a mí me gusta imaginar que en ese gesto valiente, le salió lo mexicano. Le brotó un ni madres que no venía en el manual del alcalde. En octubre de 1899, apenas siete meses después de haber asumido el cargo, presentó su dimisión. Lo hizo sin escándalo, pero dejando claro que no estaba dispuesto a ser un peón. Que no era uno más. Y Barcelona no lo olvidó.

Ahora, pura madre que andan renunciando, aguantan hasta el último día para poder cobrar.

¿Y después de renunciar?

Escena urbana en Barcelona a principios del siglo XX frente a la tienda Aceites Salat, contexto histórico posterior a la alcaldía del Doctor Robert
Barcelona seguía su curso, pero ya no con Robert al mando. Años de cambios, comercio y agitación ciudadana. | Fotografía del Archivo Histórico Fotográfico del IEFC (Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya).

Pues Robert no se fue a su casa a tomar un cortado. No señor. En 1901 ayudó a fundar la Lliga Regionalista, uno de los partidos que sentaron las bases del catalanismo político moderno, junto a Prat de la Riba y Cambó. Ese mismo año fue elegido diputado en Cortes por Barcelona.

Pero su salud ya no era la misma. El 10 de abril de 1902, murió de una afección cardíaca. Tenía 59 años. La noticia conmocionó a la ciudad. Su entierro fue multitudinario.

El monumento que inmortalizó al mexicano que llegó a ser alcalde de Barcelona

Retrato de Lluís Domènech i Montaner en el Recinto Modernista de Sant Pau, arquitecto del monumento al Doctor Robert en Barcelona
Domènech i Montaner, autor del monumento al Doctor Robert, en el Recinto Modernista de Sant Pau. Fotografía de Recinte Modernista Sant Pau, Barcelona.

Tras su muerte, la ciudad decidió rendirle homenaje con una escultura pública. Y no cualquiera: la arquitectura del monumento estuvo a cargo de Lluís Domènech i Montaner, uno de los pesos pesados del modernismo catalán. Si el nombre no te suena, quizás te suene lo que construyó: el Palau de la Música Catalana y el Hospital de Sant Pau, que hoy es considerado el recinto modernista más grande de Europa, ambos declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. O sea, ¡ahí nomás el nivel!

La parte escultórica estuvo en manos de Josep Llimona, discípulo de Rodin y autor del mítico Desconsol. Juntos idearon un monumento lleno de simbolismo: una estructura piramidal de piedra y bronce donde campesinos, obreros, músicos y poetas rinden tributo al Doctor Robert (léase Robért, si us plau). En lo alto, una figura femenina lo corona. Dicen que representa a la Gloria, pero yo también veo ahí la gratitud.

Se inauguró en 1910, en la plaza de la Universitat. Pero llegó la Guerra Civil, y en 1940 el régimen franquista mandó desmontarlo. Algunas figuras se fundieron. El resto, al almacén. Así quedó, en el olvido, hasta que en 1985, ya en democracia, se recuperó e instaló en su ubicación actual: la plaza de Tetuán. Desde entonces, ahí sigue. Mirando la ciudad que lo despidió con respeto y lo sigue recordando, aunque no siempre sepa quién fue.

Además, su nombre y rostro aparecen en varios rincones de Cataluña: tiene un busto en la Casa de la Convalecencia, también en Barcelona, una calle en Mollet del Vallès y cinco plazas con su nombre: en Girona, Sitges, Sant Feliu de Codines, Terrassa y Sabadell.

No está nada mal para alguien que gobernó solo siete meses, ¿no?

Porque hay historias que merecen ser contadas

Escultura en piedra y bronce del monumento al Doctor Robert, con figuras alegóricas que representan al pueblo
Detalle escultórico del monumento modernista al Doctor Robert. Imagen: Monuments Commemoratius de Catalunya, Secció Històrico-Arqueològica – Institut d’Estudis Catalans.

No es solo una curiosidad simpática que un mexicano fuera alcalde de Barcelona en el siglo XIX. Es una historia que conecta dos orillas del Atlántico, que habla de migración, de compromiso civil y de memoria compartida.

Así que la próxima vez que cruces Tetuán, no lo hagas con prisa. Detente un segundo, levanta la vista. Y recuerda que ahí está, en piedra y bronce, la historia de un médico nacido en México que llegó a ser alcalde de Barcelona. Y que cuando le tocó decidir, eligió estar del lado de la gente.

¿Te has detenido alguna vez frente a una estatua y te has preguntado quién era? ¿Cuál? ¿Dónde? Cuenta.

Deja un comentario

Descubre más desde AHORITA VENGO

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo